domingo, 23 de enero de 2011

LA VIVIENDA SOCIAL ARGENTINA (Primera parte).

                            La Vivienda Social Argentina.
                    Entre el hacer y el no hacer del Estado.



I Parte

                                                                                                                          
                                                                                                                    Arq. Susana Salvatierra
                                                                                                                 Comisión de Desarrollo Social
                                                                                                                CARTA ABIERTA TUCUMAN

                                                                                                                                        Enero 2011



Es altamente probable que, los que lean este artículo, habiten en una vivienda. Redondeando, unos serán parte del 9% que alquilan, otros del 76% propietario. Existe un 14% cuya situación no está dentro de las anteriores -y que quizás coincida con el 14% de población NBI- Especialmente para ellos va dedicado lo que sigue.



Cuando pensamos en vivienda, ¿qué viene a la mente? Quizás una imagen de casa, asociada con lo afectivo, lo vivido: la casa de la familia, de los abuelos, la de fin de semana, lo que no tiene precio en el mercado. Para muchos habitantes del país la casa queda en el umbral de lo ideal, la casa de mis sueños. Y es que, para nuestra cultura latinoamericana, la vivienda es y significa un gran logro cuando se piensa en trascender la propia existencia, en echar raíces, sólo superado por el logro de poder dejar a cada hijo la suya propia. La vivienda es el lugar de la intimidad, de libertad, de los afectos, del descanso, de la familia. La mayor parte del esfuerzo de una persona durante su vida es invertido en su vivienda.

La vivienda social como tema de Estado, desde su aparición formal, no ha cumplido un siglo y de política continua, ni 10 años. Una política de vivienda es fundamental si lo que se persigue es una sociedad justa, inclusiva y democrática.

Por ello, el rol del Estado, en materia de vivienda y hábitat, es esencial. Durante todo el siglo XX, los gobiernos oscilaron entre hacer o no hacer, arribando en 2003 a un panorama habitacional de grave deterioro estructural y con urgencia de soluciones a corto plazo. En esta breve reseña de una parte de la historia Argentina, enfocaré en el rol del Estado en materia de vivienda social, a fin de difundir algunos hechos puntuales, rastrear los inicios de ciertos aspectos que considero importantes en la actualidad y aportar herramientas teóricas para repensar y profundizar el proyecto nacional y popular. La vivienda y el hábitat son necesarios, irreemplazables e inherentes a la persona por su condición de ser humano y por eso el Estado debe garantizar a todos los habitantes los medios para acceder a una vivienda digna, si lo que se persigue es una sociedad inclusiva, justa, igualitaria y democrática. ¿Será acaso que, la vivienda y el hábitat, requieren un lugar en el Estado como lo tiene la salud, la educación y el trabajo?

Hasta mediados del siglo XIX las formas de vida de los diferentes sectores sociales, no se diferenciaban demasiado, panorama que cambia abruptamente con la llegada de la masa de inmigrantes. La política del joven Estado nacional, de libre juego de oferta y demanda, construye los hoteles de inmigrantes, donde pueden permanecer corto tiempo, hasta conseguir empleo. La obra pública esta abocada a la construcción de edificios institucionales para la nueva Nación y a la explotación agrícola-ganadera de la pampa húmeda. Así, en las ciudades, prosperan los dueños de casas de renta y conventillos, sin organismos de control que garanticen condiciones básicas de habitabilidad y que regulen los alquileres. En el ámbito rural, siguiendo la práctica de los conquistadores españoles, el Estado cede la tierra vacante –en grandes extensiones- a personas con capital para invertir, afirmándose la estructura del latifundio. Algunos de estos terratenientes, como parte de las instalaciones de producción, construyen alojamientos para la peonada, como en los pueblos de los ingenios azucareros. El Estado pone a disposición las fuerzas de seguridad para el cuidado del capital privado. En este panorama, hacinamiento, insalubridad, alquileres desmedidos, estafas y explotación, son el paisaje cotidiano del obrero y el peón de campo y, como es lógico, expresan su descontento. Los conservadores en el gobierno responden con la ley de Casas Baratas (1905/1945), la promoción al cooperativismo y el apoyo a acciones filantrópicas de empresarios constructores sensibilizados por la problemática o las, menos exitosas, buenas intenciones de las damas de la sociedad de beneficencia, quienes asistían a obreros ejemplares, alquilándoles viviendas mientras residieran con su familia, conservaran el trabajo y cumplieran con la higiene y cuidado de la propiedad, además de otras normas de vida por ellas impuestas.

Con la Ley Caferata (1915) los radicales intentan dar respuesta al ya grave déficit habitacional. La oposición conservadora limitó la cantidad pero no la alta calidad de lo poco realizado. Un ejemplo, el paradigmático conjunto Los Andes (1928) donde el arq. Beretervide propone para la vivienda social espacios comunes de gran calidad, planteando los conceptos de barrio y comunidad como parte del tema de diseño.

Ahora bien, lo hecho hasta aquí es imposible de comparar, cuantitativa y cualitativamente, con lo que se realiza en el 1º y 2º gobierno del Gral. Perón. Él y Evita presumían de producir 17.000 viviendas/año. Y es que había una gran necesidad. Por primera vez, las acciones en materia de vivienda están coordinadas en una política favorable a la mayoría: el Estado benefactor pone a la vivienda en su función social y con rango derecho constitucional . Deja sin efecto la ley de Casas Baratas, las acciones cooperativistas y demás, tomando el Estado la responsabilidad de la producción de vivienda social. El 1º Plan Quinquenal es un hito para el hábitat popular, abarcando a todos los asalariados con mejoras concretas en su calidad de vida. La cantidad de propietarios crece exponencialmente, se otorgan créditos directos a trabajadores, al ser una política de Estado, se generaliza en todo el país. Los debates por entonces giraban alrededor de cuál estilo se debería adherir: chalet californiano o vivienda colectiva moderna , quedaba fuera de discusión si hacer o no hacer. Hasta nuestros días, no se conoce una política de vivienda semejante.

Lo que sigue después, va atado a los vaivenes de las numerosas administraciones, mayoritariamente conservadoras. En los ’60, la remake del libre juego de la oferta y la demanda produce: especulación inmobiliaria, liberación de los precios de las viviendas, aumento de la densidad habitacional, sacrificando la escala barrial, la vida en comunidad, la calidad constructiva y del ambiente. A este período pertenece Villa Lugano, por ejemplo . Un gran número de habitantes que migran desde el interior a las ciudades en busca de trabajo, quedan excluidos del acceso a la vivienda y terminan asentándose en la periferia, a veces asistidos por instituciones autónomas. A fines de los ’60, el Estado organiza esos esfuerzos particulares bajo los planes de Erradicación de Villas de Emergencia y Viviendas Económicas Argentinas. Durante el gobierno peronista de los ’70 en materia de vivienda se produce muy poco. El FONAVI entra en largo período de dudosas inversiones y de mala calidad constructiva. En 1975, en el marco del operativo independencia en Tucumán, se construyen 4 pueblos: Berdina, Maldonado, Cáceres y Moya, con población rural de la zona, separados de otros centros urbanos, el urbanismo de la lucha contra la subversión: …” Donde antes se necesitaba el ejército para controlar la población, hoy sólo con un destacamento de policía es suficiente” …

Durante la dictadura militar, además del genocidio, la oligarquía terrateniente y las corporaciones nacionales e internacionales, deciden que la vivienda social es secundaria a los intereses de la Nación. El FONAVI es manejado a libre criterio de cada administrador provincial.

Con la vuelta a la democracia, la política de vivienda social se nutre de nuevas teorías, se interviene en pequeña escala -unas 200 viviendas por conjunto- se baja la densidad de población y se prioriza al interior del país. La hiperinflación, cierra este período casi siete años.

Durante el neoliberalismo de los ‘90, una vez más, el Estado opta por el juego de la oferta y la demanda. En el marco del remate de las empresas del Estado, el Banco Hipotecario de la Nación Argentina recupera su rentabilidad, gracias a los créditos para vivienda tomados por la clase media. Entonces el gobierno cipayo decide privatizarlo, con resultados nefastos para la mayoría de los habitantes, como el resto de los negociados. Dos fenómenos son destacables en materia de vivienda: por un lado, la vivienda entra en el mercado de la especulación, llegando al precio de un auto 0km; por otro lado, las clases altas comienzan a ocupar los escasos lotes vacante del centro de la ciudad con edificios de alta gama y, paralelamente, la periferia de las ciudades, zonas semirurales de bajo costo, en donde los pobladores han logrado un humilde modo de subsistencia. Los nuevos inversores construyen barrios cerrados y countries, de baja densidad de población, con el apoyo del Estado que dota la infraestructura necesaria y las excepciones al código de edificación, se eleva el precio inmobiliario de zonas deprimidas , expulsando a los humildes que ahora no puede acceder a la ciudad ni a su periferia. Este proceso aún continúa creciendo y sin límite. En cuanto a la vivienda social, los conjuntos de pocas unidades se realizan combinando esfuerzos sectoriales –gremios, mutuales- y fondos estatales -que a su vez provienen de organismos internacionales- El FONAVI aumenta la cantidad de viviendas construidas en las ciudades. La vivienda social es otro de los circuitos de corrupción y, al parecer difícil de erradicar. La baja calidad de vivienda y hábitat es lo habitual para lo que se construyen en esos años.

Desde 1976 al 2002, del total de vivienda social producida en too el país por FONAVI se registra 16,5% durante la dictadura, 26,10% durante en Gobierno Radical, 49,40% durante el neoliberalismo y un 11% en el breve gobierno de la Alianza. Los porcentajes no expresan la calidad de vivienda –en los estándares oficiales de calidad de construcción de vivienda social, la aislación hidrotérmica es requerimiento desde el año 2000- ni vinculan los períodos de tiempo de cada administración, como tampoco lo hecho por otras operatorias.



Continuará…

1 comentario:

Martin dijo...

La verdad es que creo que si se implementase bien el plan, transparentemente, seria una idea genial no es ir regalando por amiguismos departamentos o 0km

Rep con CARTA ABIERTA TUCUMÁN

Rep con CARTA ABIERTA TUCUMÁN
Invitado por la LIBRERÍA EL GRIEGO y la A.P.T. pintó un mural en la Peatonal